Cambio de caldera

    Ahora que estamos preocupados por los elevados costes de la electricidad, no debemos dejar de lado lo que supone la factura del gas natural en un domicilio o un negocio, y en ocasiones, podemos reducir de manera importante el consumo de gas simplemente con un cambio de caldera.

    En este artículo vamos a centrarnos en las calderas que funcionan a gas natural, a sabiendas de que existen calderas de propano o gasoil por poner un ejemplo, pero que son quizás menos comunes en nuestros hogares y negocios.

    Las calderas, como cualquier otra máquina, tienen un rendimiento, una eficacia que determina como es en este caso la combustión y el aprovechamiento del gas que quema para obtener una energía en forma de calor, que utilizaremos para calentar agua que posteriormente será usada en circuitos de agua caliente sanitaria (ACS) o en un circuito cerrado de calefacción.

    Si distinguimos bien los tipos de calderas existentes y conocemos sus ventajas, podemos conseguir no solo mejorar el bienestar y confort de nuestro domicilio o negocio, sino que además estaremos contribuyendo a mejorar las emisiones de la combustión a la atmósfera. En función del tipo de caldera que dispongamos, además el rendimiento repercute directamente en el consumo del gas, y por lo tanto, juega a nuestro favor si queremos reducir el coste de nuestra factura.

    En función del rendimiento, podemos distinguir entre los siguientes tipos de calderas:

    CALDERAS ESTANCAS: utilizan el aire del exterior para llevar a cabo el proceso de combustión en el interior de una cámara sin que exista un contacto entre esta zona y el aire exterior. Los gases de la combustión son evacuados por un ventilador hacia el exterior. dentro de las calderas estancas, distinguimos los siguientes tipos:

     

     

    a) Estándar: son las más antiguas y su rendimiento está en torno al 90 % de la combustión, por lo que precisan emplear más gas para calentar el agua.

     

    b) De condensación: de los gases de la combustión, aprovechan la energía de los vapores que contienen y consiguen mejorar el rendimiento en unos 15 puntos porcentuales, por lo que su rendimiento está en torno al 105-110 % en función de la marca y modelo de la caldera.

     

    c) De baja emisión de NOx: son calderas denominadas de Clase 5, que cuentan con un aprovechamiento del calor del vapor de la combustión, pero con un rendimiento inferior al de las calderas de condensación. Sin embargo, los gases que emiten contienen una pequeña cantidad de NOx (nocivos para el medio ambiente).

     

     

    CALDERAS ATMOSFÉRICAS: La principal diferencia es que el aire que toman para realizar la combustión, lo toman del recinto en el que se encuentra la caldera. La combustión es muy deficiente, ya que, depende de la calidad del aire del recinto del que la toma, por no mencionar los graves problemas de seguridad que este tipo de calderas tienen si la combustión es deficiente. Es por este motivo por el que en el año 2.007, y mediante el RD 1027/2007, quedó prohibida su instalación.

     

    Como se puede observar, un cambio de caldera nos va a repercutir en una mayor seguridad por el tipo de combustión y en un mejor rendimiento que se traduce en un ahorro a largo plazo por el menor consumo de gas natural.

    Mencionar además, que cuando se emite un Certificado Energético para una vivienda, un local, un edificio, etc., es obligatorio la realización de una serie de propuestas de mejora para la obtención de una mejor calificación energética. Una de las medidas más habituales, en función de la tipología de caldera que tenemos instalada, es el cambio de caldera por una más eficiente, por lo que la inversión en el cambio de caldera se hace muy interesante también por este hecho.